Capítulo 13: Reparando lo que está roto

El leviatán produjo un grito tan ensordecedor  que podía  verse la onda expansiva de su  ataque temblar en el aire.  Quienes habían  quedado al otro lado de la cúpula solo  pudieron  correr hacia la puerta más cercana.

Aimar decidió quedarse. Sabía que era su  último aliento y  lo aprovecharía para que la  cúpula volviera a funcionar.

Lane corría impulsada por el arnés, pero el  viento  caprichoso la empujó lejos de la puerta, obligándola a  aceptar lo inevitable.

Gael no pensó. No importaba quién estuviera  presente ni  si tenía sentido; solo le importó  llegar. Mientras la onda se  acercaba cada vez  más, soltó el arnés, cambió el peso  del  cuerpo  y se impulsó de manera sobrehumana hacia  sus  compañeros, cargando con ellos hasta la  puerta  para  entrar al refugio de la cúpula.

Dentro, respiraron como si volvieran a nacer,  agradeciendo que la vida les hubiera  concedido  un día  más en la tierra.