Capítulo 28: Realidades enterradas

—Gael, tú sabes que me gustas, ¿verdad? O sea, ¿te has dado cuenta ya? ¿O todavía no?

Creyó haber entendido mal sus palabras, pero las había oído perfectamente. Prefería lo directo, lo claro, aunque tampoco sabía cómo enfrentarse a tanta honestidad. Se había acostumbrado a encontrar trampas entre las palabras, subtextos que le planteaban desafíos que nunca conseguía superar. Pero ella no era así.

Se relajó lo justo para permitirse sentirse halagado. Lane era una chica preciosa y muy divertida. Entre la confusión y las ganas de sentirse amado, su rostro había aparecido varias veces en su mente. Tal vez... ¿podría ser ella?

Pero las cosas se complicaron más de lo que esperaba. Por lo visto, nunca era tan sencillo. Tampoco le sorprendió del todo. Lane era alguien libre, alguien que vivía como quería, sin remordimientos ni culpa. Admiraba profundamente eso de ella. Así que, cuando le confesó que sentía algo por él y por Jin, y que no parecía querer renunciar a ninguno de los dos, fue como recibir un jarro de agua fría.

Aunque las cosas no estaban saliendo como esperaba, ella intentaba protegerlo. No quería hacerle daño. Quería ser honesta desde el principio, no jugar con él. La miró como quien contempla la ilusión de lo que podría haber sido, agradecido de que, al menos, estuviera tratando de evitarle dolor.

Se permitió soñar, aunque solo fuera por una noche. Mientras le acariciaba la cara, le pidió a la vida que no le arrebatara a aquella mujer. La quería a su lado, de la forma que fuera.

Aquella noche, y probablemente nunca más, imaginó que era su novia.

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