Capítulo 29: ¿Dónde estás?

Volvían a estar en su casa. En su cuerpo se mezclaban demasiadas emociones: alegría por haber encontrado a Samir; miedo por haber perdido el contacto al final; ira al pensar que lo habían engañado para llevarlo al fondo del abismo; sorpresa porque su mentor era el padre de Ishani; tristeza porque ella probablemente sufriría al saberlo; asco hacia sí mismo por no haber podido protegerla mejor.

Se dejó caer contra el sofá, pero terminó sentado en el suelo, buscando el frío de las baldosas. Necesitaba serenarse, apartar las emociones y contarle con calma lo que había descubierto. Respiró. Tenía indicios suficientes para que su hipótesis no fuera descabellada, pero solo era eso: una hipótesis. La miró. Ya no había confusión ni sentimientos, solo el presente, la información y la disposición a sostenerla, fuera cual fuera su reacción.

Se lo dijo: probablemente Samir era su padre. A partir de ese momento, toda su atención se volcó en ella. En sus gestos, en sus sentimientos desbordándose, en cómo la comprensión de algo que quizá sospechaba desde hacía tiempo la arrollaba como una gran ola. Él sería su tabla, lo que la mantendría a flote en medio de la marea. Ella no lo sabía, pero debía de existir un motivo de peso para que Samir no se lo hubiera contado. O tal vez, simplemente, no era su padre. Le ofreció comprobarlo, aunque quizá lo más oportuno fuera darle a Samir la oportunidad de hablar de ello. Pero haría lo que ella necesitara. Ishani dijo que no hacía falta, que hablaría con él. Thiago la miraba mientras le sostenía las manos, un gesto silencioso con el que trataba de transmitirle calma. Entonces ella elevó la vista y lo miró a los ojos.

No fue hasta ese momento cuando el muchacho se dio cuenta de la situación. Estaba en el suelo de su salón, sosteniendo las manos de Ishani Rao-Kapoor. Como quien ve pasar su vida entera ante sus ojos, todos los recuerdos con ella desfilaron por su mente. Cómo la había visto en la Espiral del Abismo, caminando por los pasillos como si el Pilar entero le perteneciera. Cómo conseguía prácticas con solo pedirlas, mientras él había necesitado semanas y superar varios filtros. Cómo aquel día, en REAH, pretendió saltarse la cola para hablar directamente con Samir Kambala. Cómo aquella noche, totalmente destrozada, se sentó a su lado a comer macarrones con tomate. Cómo, apenas unos instantes antes, después de verla desaparecer ante sus ojos, había cogido un cristal y había anhelado estar a su lado.

Su mirada lo devolvió a la realidad: era un simple mortal tratando a una diosa como a una igual. Una mujer que cargaba con un peso que habría puesto de rodillas a muchos otros. Y allí estaba ella, después de todo lo que había pasado, mirándolo mientras le posaba una mano en la mejilla. Una corriente helada le recorrió la sangre de arriba abajo y creyó que iba a desmayarse. Ella lo miraba como nunca nadie lo había mirado antes, acercándose sin detenerse. Creyó que se encontraba dentro de otro de sus sueños y no pudo moverse, esperando el momento en que despertaría y nada de aquello estaría sucediendo. Pero estaba allí. De verdad estaba allí, acercándose a él mientras su mirada descendía, en apenas un instante, de sus ojos a sus labios. Ella le pasó la mano por detrás de la cabeza, enredando los dedos entre su largo cabello, y sintió que perdía la razón. Cerró los ojos y se lanzó hacia sus labios como quien salta a una piscina sin saber si está llena de agua.

El temor desapareció cuando ella le devolvió el beso, colocándose sobre él y elevándose para besarlo desde arriba, todavía los dos en el suelo. Cuando ella lo tumbó en el sofá, no podía dejar de mirarla. No conseguía creer lo que estaba viviendo. La diosa a la que adoraba en silencio lo estaba adorando a él, y lo único que podía hacer era cerrar los ojos con fuerza mientras ella saboreaba el tatuaje escondido. La veneraría de todas las formas posibles y aprendería incluso las imposibles para darle todo lo que se merecía.

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