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Capítulo 5: Los ecos del pasado

Mientras tanto...

Hay un muchacho de pelo largo que está  escribiendo en un diario en una zona  abandonada, con un somier como puerta. Donde parece, que  llorando, escribe cosas...

«Ahora entiendo que somos iguales. Y no porque nos atormenten las mismas circunstancias, sino porque ambos estamos dispuestos a luchar, incluso sabiendo lo que implica. Y por eso no puedo dejar de llorar. Porque en esta batalla solo se puede perder.»

Gael Roque - Para no olvidar

Hay un muchacho de mirada triste y perdida, que  aunque estaba encontrando la alegría, ahora está  terriblemente preocupado...

«Extendió la mano como si quisiera arañar el cielo, y la cúpula parpadeó sutilmente. La energía que recorría cada panel se desvaneció por un instante, para volver a encenderse.

—Hoy lo he visto con mis propios ojos… el poder, el precio de no controlarlo…

Sus palabras fueron un susurro, como una confesión a una presencia que no lo juzgaría. Tomó otra calada larga, aceptando su destino.

—Tú lucharás, ¿verdad? Yo te protegeré. Os protegeré a todos.»

Aimar Rivas - Para no olvidar

Hay un muchacho pegando puñetazos a un  saco  de tierra mientras lágrimas silenciosas le  caen por  las mejillas, por el cuello... mientras  sigue  golpeando sin parar su saco...

«Las lágrimas se mezclaron con la rabia. Golpeó el saco una y otra vez, como si los puñetazos se los diera a sí mismo. Idiota. Estúpido. Repetía mentalmente con cada golpe. Débil. ¡INÚTIL! Los brazos le ardían, pero seguía golpeando, como si aquello formara parte de su castigo. El sudor y las lágrimas le bajaban por el cuello, empapando la camiseta. Los nudillos le sangraban. La cara se le manchaba con la tierra desprendida del saco.

Sus rodillas cedieron, golpeando el suelo con todo su peso. No tenía muchas opciones. Y de esas pocas, apenas alguna que ella pudiera considerar digna.»

Lázaro Benet - Para no olvidar

Dos mentores, que discuten entre ellos el  informe que deben hacer...

«Que algo había afectado a las alumnas era evidente. Una energía simbólica había ocupado el espacio, una negrura densa que las había hecho caer inconscientes. A casi todos.
La operación era potestad de la Espiral del Abismo, y así se había firmado, pero como mentora tenía la obligación de velar por la salud de sus alumnas. Si habían quedado alteradas, quizá todavía estaban a tiempo de devolver los valores a la normalidad.

Pero la cadena de mando estaba por encima de todo. Sin orden ni jerarquía, solo hay caos. Él lo sabía mejor que nadie. Y por alguna razón, la intuición le decía que debía callar y esperar. Una sensación difícil de justificar, que no bastaba para contrarrestar la fría lógica del Archivo de la Verdad…»

Y hay un líder de Pilar que sujeta el astrolabio.  Mientras lo mueve, proyecta sombras en el techo  de su despacho, y exclama:

El Olvido... existe.

«Los datos obtenidos cambian totalmente las cosas. Varias piezas comienzan a encajar vertiginosamente en su mente: realmente existe, y si es así, puede que sea lo que lo está consumiendo todo. Pero parece un lugar, no solo un fenómeno. Y si entonces ella... 

Volverá a ausentarse un tiempo. Descender tantas capas lleva semanas, solo para llegar. «Tal vez aún pueda ralentizar su avance», piensa mientras observa su astrolabio, preguntándose si esta vez será cuando ya no pueda regresar.»