¿Está forzado o simplemente no es lo que querías?
Cuando nuestras preferencias se convierten en reglas objetivas. Ships, sesgos y la fina línea entre “no me gusta” y “está mal jugado".
Reah
8/9/202611 min leer
¿Está forzado o simplemente no es lo que querías?
Cuando nuestras preferencias se convierten en reglas objetivas
El viernes vivimos una escena extendida —una conversación corta entre NPC y PJ— entre Dhalia y Gael. Lo que sucedió despertó muchos comentarios en X/Twitter y, tímidamente, puso sobre la mesa una pregunta, o más bien un recordatorio de ciertas similitudes que se han interpretado de formas radicalmente distintas. Hoy quiero recoger esa pregunta y relacionarla con varias reacciones que han existido en el fandom alrededor de las interacciones románticas.
A partir de aquí encontrarás spoilers de ADOME y de ADOMA, si no has visto hasta la escena extendida del viernes 7 de agosto.
Un poco de contexto sobre las partidas
Dhalia (personaje interpretado por Kali) y Gael protagonizan uno de los shippeos más populares de ADOMA, si no el más popular durante mucho tiempo. Amigos desde la adolescencia, con mucha intimidad emocional y ninguna intimidad física, entre los que empieza a crecer algo más. Algo lleno de descubrimiento, malos entendidos y confusión. Sentimientos incipientes, un beso, distancia pedida pero no deseada. El típico ship narrativo de idas y venidas que no termina de resolverse del todo.
En medio de esa confusión, Dhalia empieza a conocer a Izan y se hacen pareja, y Gael empieza a sentir cosas por Lane (personaje interpretado por Mei). Un día, Gael y Dhalia discuten, reabren heridas y descubren que, con las cosas dichas a tiempo, quizá ellos podrían haber sido esa pareja. Y lo peor es que todavía hay sentimientos. Llega la escena extendida y empiezan a contarse las cosas: Gael ha tenido relaciones sexuales con Lane y Dhalia con su novio. Hay tensión, ahora sí también física, y aunque ambos saben que no es lo correcto, se besan. Dhalia le es infiel a Izan con Gael y Twitter explota en celebración.
En ADOME, Anatema (personaje interpretado por Lili) conoce a Dan y empieza a construirse entre ellos una historia inesperada pero muy genuina. El shippeo se hace increíblemente popular, Dan saca una parte de Anatema que no ha sacado nadie más y la cosa avanza rápido. Anatema ha demostrado ser poliamorosa y se empieza a construir una relación poco convencional, sin exclusividad, pero con límites: Dan tiene miedo de que el Marqués los separe.
Y entonces aparece el Marqués, un NPC que no trata a Anatema como Dan y que le ofrece cosas que este no puede ofrecerle. Anatema se confunde. Ambos vínculos le aportan cosas distintas, ella es completamente inexperta y, entre idas y venidas y mucha confusión, ocurre una escena increíblemente seductora que termina con Anatema teniendo relaciones sexuales con el Marqués. Anatema le es infiel a Dan con el Marqués y Twitter explota, esta vez, en críticas.
¿Qué ha pasado aquí?
Cuando la ética a veces te deja disfrutar una escena y a veces no
En el caso de Anatema, el ship que se rompía por la infidelidad era el ship popular, el que una gran parte del público deseaba. El hecho de que hubiera ocurrido un acto reprochable —la infidelidad— se convirtió en la explicación de por qué lo que acababa de pasar estaba mal. Y no solo Anatema: también Lili recibió parte de esa responsabilidad. Si todavía se recuerda este momento no es simplemente porque parte de la audiencia estuviera en desacuerdo con la narrativa mostrada, sino porque aquello llegó a escalar a lo personal. Lili pasó a ser, para algunas personas, la responsable de que se hubiera llevado a cabo un acto malo, una traición, algo que hacía daño a Dan.
¿Pero era realmente eso lo que se le estaba reprochando? Seguramente para una parte del público sí. Cada persona tiene sus gustos, su historia e incluso sus propias heridas, y determinadas escenas pueden tocar cosas sensibles. Aunque en ningún caso eso justifique atacar a la persona que está detrás del personaje, no niego que hubiera gente a la que le doliera la infidelidad por el propio hecho de ser una infidelidad. Pero viendo ahora ambas situaciones juntas, me atrevo a pensar que para mucha gente había otra cosa mezclada con ese juicio moral: el dolor de ver cómo sus actos destruían el ship que querían que saliera adelante.
El viernes ocurrió justo lo contrario. El ship popular era el que se hacía posible gracias a la infidelidad. El hecho seguía siendo reprochable —Dhalia le ha sido infiel a su pareja—, pero esa inmoralidad no se utilizó para explicar que lo que acababa de suceder estaba mal, porque el resultado se percibía como positivo: gracias a ese acto, el ship deseado volvía a tener una oportunidad. Una parte de la audiencia, aunque minoritaria, ha lamentado la infidelidad o la forma de hacer las cosas. Pero la reacción mayoritaria ha sido de celebración y, además, Izan queda muchas veces desplazado a una esquina porque se percibe como alguien que estaba estorbando, aunque, comparándolo con lo sucedido en ADOME, Izan ocupa ahora una posición bastante parecida a la que entonces ocupaba Dan.
Esto ha despertado preguntas dentro de la propia audiencia. Personas que en su día celebraron lo sucedido entre Anatema y el Marqués —porque cumplía el ship que ellas querían— recuerdan que también recibieron críticas simplemente por disfrutar de una trama en la que había unos cuernos. He visto aparecer incluso la palabra «hipocresía» para describir que aquello se condenara mientras esto se celebra, y también cierta culpabilidad por haber rechazado entonces una situación y alabar ahora otra que, en su núcleo, comparte algo bastante evidente: existe una traición dentro de una relación sentimental.
Sinceramente, no creo que sea realmente hipocresía, porque creo que en ninguno de los dos casos se está valorando si la infidelidad está bien o mal. Quienes rechazaron los cuernos de Anatema a Dan quizá utilizaron como argumento que «los cuernos están mal», pero una parte del dolor probablemente venía de que su ship favorito se estaba rompiendo. Eso no significa que ahora hayan cambiado mágicamente de opinión y crean que ser infiel está estupendamente. Seguramente siguen pensando exactamente lo mismo: ser infiel está mal. La diferencia es que ahora resulta mucho más fácil distinguir entre celebrar una infidelidad y celebrar lo que esa infidelidad produce en la historia.
Porque una acción puede ser moralmente cuestionable para un personaje y, al mismo tiempo, dar lugar a una escena maravillosa. Dhalia puede haber hecho algo injusto con Izan y la escena con Gael puede haber sido increíble. Anatema podía estar haciendo daño a Dan y su confusión con el Marqués podía estar generando una trama fantástica. No necesitamos convertir una buena escena en una acción moralmente buena para poder disfrutarla.
Quizá el sesgo estuvo, entonces, en interpretar que lo de Anatema estaba mal porque «eran unos cuernos», cuando lo que realmente estaba resultando doloroso era que destruía el ship que se deseaba. Y no tiene nada de malo tener sesgos. Todos los tenemos, y más todavía cuando como espectadores estamos tan involucrados emocionalmente en lo que está sucediendo. Todos y todas consumimos ficción con sesgos de preferencia. El problema no es tenerlos, sino olvidar que los tenemos y convertir una preferencia personal en una especie de vara de medir “objetiva” para exigir cómo debe ser una ficción, diciéndoles a las personas reales cómo deberían jugarla y juzgándolas si no lo hacen como esperamos. Nuestros gustos no necesitan ser objetivos para ser legítimos. El problema aparece cuando intentamos convertirlos en normas que los demás tienen que seguir.
Este ship está forzado, ¿o es que interfiere con el que te gusta?
Esta es otra conversación que, en mi opinión, está profundamente relacionada. En este caso, el foco de la responsabilidad recae sobre mí como máster, ya que se me percibe como quien decide qué shippeo sale adelante y cuál no. Es posible que esto suceda por una confusión de autoría: si yo estuviera escribiendo una novela tendría, efectivamente, el control absoluto sobre quién termina con quién. Pero en rol existe otra parte deseante, mis jugadoras, que hacen o no hacen efectivo un ship concreto.
O puede ser que —y esto me hace especial gracia— algunas personas me perciban a mí misma como un obstáculo para que sus ships salgan adelante. Si decido que un NPC no actúa en la dirección necesaria para cumplir determinado ship y, además, ese NPC muestra interés por otro personaje, se interpreta que estoy «forzando» otro romance. Y digo que me hace gracia porque algunas de esas mismas personas me piden, al mismo tiempo, que interprete al NPC de una forma que contradice totalmente la psique que he preparado para él, para que el ship que les gusta pueda funcionar. Es decir: me piden que fuerce el ship que les gusta.
De nuevo, muchas veces no estamos hablando realmente de falta de coherencia narrativa, de una personalidad mejor o peor construida, de sus contradicciones o de si un acto es moral o no. A veces lo que hay debajo es algo mucho más sencillo: si ocurre lo que quiero, era lógico que sucediera; si no ocurre lo que quiero, la máster está forzando la historia en otra dirección. El sesgo sobre lo que nos gustaría ver vuelve a convertirse en una especie de regla «objetiva».
He llegado a leer cosas como «Gael no haría eso» cuando de repente muestra interés por Lane —algo coherente con la personalidad que diseñé para él y con su historia vital con ella—, mientras se me pedía que desoyera un límite establecido explícitamente por Dhalia y luchara por ella a pesar de ese límite. Y eso sí sería algo que Gael difícilmente haría: no respetar los deseos expresos de alguien que le importa. En este caso, forzar al personaje sería precisamente impedir que mostrara interés por Lane y hacer que persiguiera a Dhalia en contra de sus propios límites. Pero, como así el ship popular se haría realidad, deja de percibirse como algo forzado y pasa a ser «lo lógico».
Y esto, en realidad, es profundamente precioso para mí como máster. He conseguido establecer suficiente coherencia con Gael para que una parte del público lo perciba casi como alguien que existe. Han construido sobre él un mapa mental que les permite anticipar cómo creen que actuaría en determinadas situaciones. Lo peculiar es cuando alguien llega a pensar que su percepción subjetiva de Gael es más precisa que todo lo que su creadora ha diseñado para él XD. Pero incluso eso es, en cierto modo, un cumplido.
Esto me lleva a otra reflexión, que es la separación entre personaje, persona y resultado narrativo. Es algo que como máster tengo muy presente —obligatoriamente—, algo que a las jugadoras se les repite y pide constantemente y que, sin embargo, a veces se diluye y se olvida desde fuera.
Tomar una mala decisión con un personaje no es «jugar mal»
He visto personas juzgar los actos de un personaje trasladando ese juicio hacia la jugadora que lo maneja. No me refiero necesariamente a algo tan directo como «si tu personaje pone los cuernos, entonces tú apruebas la infidelidad». Creo que esa separación suele estar bastante clara. Igual que si tu personaje mata en una partida, tú no te conviertes personalmente en una asesina. Eso lo tenemos claro.
Me refiero a algo bastante más sutil: que una jugadora tome conscientemente una mala decisión con su personaje —hacer algo que no es la opción óptima, asumir un riesgo evidente, equivocarse— y que eso se interprete como que la jugadora lo ha hecho mal. Pero ahí seguimos sin separar del todo persona y personaje.
Una jugadora tomará decisiones según la personalidad que ha diseñado para su personaje y, en ese diseño, el personaje se distanciará necesariamente de ella misma. Aura, por ejemplo, no es «Chris con poderes». Es Aura. Un personaje inspirado, inevitablemente, por cosas que Chris conoce, pero que actúa y piensa de manera distinta y, por tanto, hace cosas diferentes.
Chris, como jugadora, sabe perfectamente que salir de la cúpula sin máscara es una mala decisión. No está escogiendo la opción óptima cuando Aura sale de la cúpula sin protección para perseguir a una criatura extraña. Pero Aura no es Chris. Chris no saldría, pero Chris diseñó a Aura para que ella sí pudiera hacerlo: para ser inocente, ingenua, para cometer errores, para que su fascinación pueda cegarla. Y sabe también que esa mala decisión de Aura puede dar como resultado una escena que jamás habría sucedido de otra manera y que, además, es coherente con cómo diseñó al personaje desde el principio y con la evolución que quiere conseguir con ella.
Castigar a Chris porque interpretó a Aura no tiene demasiado sentido. Que no te guste Aura, sí. Que te saque de quicio lo que acaba de hacer, también. Pero pensar que, como no te gusta la decisión de Aura, Chris está jugando mal es convertir de nuevo nuestra percepción subjetiva en una vara de medir objetiva que no lo es.
También sucede en el buen sentido. Durante la escena extendida entre Daya y Lázaro, la tensión entre ellos tenía todo el sentido narrativo. Que se besaran con pasión tenía todo el sentido narrativo. Que quisieran tener sexo tenía todo el sentido narrativo. Que Lili interpretara que Daya no podía llegar a tener sexo con él, aunque quisiera, forma parte de cómo Lili diseñó a Daya.
Ese día mi chat se llenó de peticiones a Lili: «no nos hagas sufrir», «acuéstate con él»… En definitiva los mensajes se podían traducir como: Lili, tienes el poder, tienes el control de decidir por Daya, cumple nuestro ship. Esto, por supuesto, no significa necesariamente nada malo. La gente comenta en el chat expresando sus deseos y participando emocionalmente de la narrativa, no exigiendo de verdad que una jugadora obedezca. Pero me sirve para ilustrar algo: Lili no estaba decidiendo únicamente en función de lo que quería como jugadora —y ella quería, como todas nosotras, que Daya cayera ante Lázaro—, sino en función de lo que Daya haría. Y así fue: Daya quiere tanto a Lázaro que no lo pondría en peligro, por muchas ganas que tenga de acostarse con él.
Y aquí la separación entre personaje y persona es doble. Yo tuve que interpretar a un Lázaro enamorado, deseoso, fuera de sí, intentando por todos los medios tener sexo con Daya. Y yo, como Reah, gritaba por dentro para que, por favor, no sucediera, porque yo sé lo que ocurrirá si ese acto culmina. Como Reah no quería que la escena terminara en sexo, y como Lázaro tuve que interpretar que era lo que más ansiaba en la vida. Como Lili, ella quería que la escena terminara en sexo, pero como Daya tuvo que interpretar que no podía llegar hasta ahí en ese momento.
Como máster, no necesito que mis gustos, preferencias o sentimientos estén alineados con los de mis personajes, porque entonces todos los personajes serían «Reah con poderes distintos». A mí puede gustarme más el ship de Gael con Lane y, aun así, interpretar a Gael, meterme en su psique, en sus issues, en su historia vital, en todo lo que diseñé para él para que lo que viniera después tuviera coherencia, mirar a Dhalia delante de mí y desearla más que a nadie en el mundo. Por ejemplo, puede gustarme infinito el ship de Elora y Dhalia, pero no voy a interpretar a Elora enamorada de Dhalia porque he diseñado que Elora no lo está. Y no voy a diseñar una Elora enamorada de Dhalia solo porque a mí me encantaría ver ese fanfic concreto. Tener una preferencia no significa tener que obedecerla.
Conclusión
Por supuesto que tienes gustos, preferencias y cosas que odias. Yo también. Por supuesto que puedes odiar lo que hace un personaje, las decisiones que toma, que haga las cosas difíciles, y puedes decirlo. Puedes sentirte muy triste porque tu ship se complica o porque directamente nunca llega a cumplirse, y puedes sentir una alegría inmensa cuando, después de tropecientas complicaciones, por fin parece salir a flote. No hay nada malo en eso. Es precisamente parte de estar emocionalmente implicada en una historia.
Lo que no corresponde es convertir esas preferencias en exigencias o ataques contra las personas que están interpretando una personalidad concreta, ni asumir que aquello que coincide con nuestros gustos es, por definición, la forma correcta de construir una historia. Nunca llueve a gusto de todos, y una de las cosas especiales que tiene el rol es que, a veces, una jugadora rema incluso en contra de lo que a ella misma le gustaría que sucediera porque sabe que su personaje no haría eso; porque la trama que nace de esa decisión puede ser mucho más interesante o, sencillamente, porque es coherente con aquello que diseñó un día.
Yo, como persona, puedo odiar tener que decidir que un NPC muera y saber que tengo técnicamente el poder para hacer que ninguno de mis hijos sufra jamás. Pero a veces, como máster, decidiré hacerlo de todas formas porque, como ya sabemos todos y todas: sin drama no hay trama.
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